Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón
I.S.C.R. Nuestra Señora del Pilar
 

Pensar desde la Ética / José Mª Andreu

Editado por: Editorial Comuniter
Año: 2012
ISBN: 978-84-15126-26-3 (Obra completa)
Obra en 3 volúmenes. Páginas: 229 (vol. I); 373 (vol. II); 501 (vol. III)

Breve reseña de la obra

I. Aproximación antropológica



En épocas de confusión y de hondas dudas como la nuestra, en las que resurge con especial poder el temor al vacío, velar por la moral es la tarea humana por excelencia. Hoy la ética se encuentra cuestionada no ya en la aplicación de sus normas, ni en su definición, sino sobre todo en sus fundamentos. La modernidad recusa la normalidad de la norma; no destruye la ética, la recusa. Niega que ciertas normas puedan imponerse a la conciencia de los individuos.

Presentar reflexiones éticas interesantes, cultivadas de un modo capcioso, seductor, que sustituyan las exposiciones de moral tan superfluas como aburridas, es una ardua tarea. La verdadera sabiduría habla con un punto de ironía, de humor e incluso de travesura. La "seca pero sabia disciplina de las costumbres", al decir de Kant, debe presentarse como un saber alegre, con nostalgia de lo nuevo, abierto a todas las posibilidades que hagan más ligera y más profunda la existencia.

Pensar bien es el principio de la moral. El modo de ser del hombre exige un método conforme a su sentido. La vida humana es la residencia de la verdad. El sujeto moral excede los límites asignados a la razón teórica. La vida no se puede definir con un par de fórmulas; tiene infinitos matices y no se puede limitar ni simplificar.

La exigencia es el primer requisito de la ética. Ascesis y no canción de cuna: tal es la vida moral. El Homo viator aspira siempre a nuevos horizontes. Una nostalgia irresistible le empuja hacia arriba. La ética aspira a una cierta perfección humana. La exigencia ética es una exigencia de santidad.

No basta una nueva doctrina. Sólo somos maestros si somos hombres mejores. "Quisiera ser mejor y más inteligente. Ambas cosas son una y la misma", decía Wittgenstein.

II. Por la verdad moral



La necesidad de la verdad es la más sagrada de todas; entre todas las cosas es preferible la verdad. La verdad de la vida es lo que más merece ser buscado. Queremos saber para vivir. La verdad ética es una verdad viva. Nos preocupa más saber cómo ser buenos que saber qué es el bien en sí. Centrándonos en la verdad lo importante es que cada uno, viviendo de la fuerza de su alma, vaya dando forma a la sabiduría, a la melancolía y a las experiencias que hay dentro de él hasta dar con su propia verdad, saber cómo es en realidad para comportarse en cualquier situación prosiguiendo su propia vida y, en un diálogo interior y silencioso consigo mismo, ir adquiriendo el sentido moral que ha de guiarlo hacia la verdadera vida.

La vida no se puede definir con un par de fórmulas; tiene infinitos matices y no se puede limitar ni simplificar: anchos ríos, altas montañas, amplias y abiertas llanuras y los matorrales más espesos forman el paisaje salvaje del alma. Hay que dar cabida a todas las cosas y considerar la vida en su totalidad. La verdad moral es sinfónica, tiene que integrar todos los registros del ser humano: es una verdad práctica, prudencial, circunstancial, ocasional, cordial, medicinal, irónica, lúdica, dialéctica, edificante e incondicional.

La verdad moral nos abruma; sólo puede ser aprehendida por un modo de pensar resultado de complejos procesos de intuición, experiencia, raciocinio y praxis. El moralista no debe parecerse a un científico; más bien debe sugerir. Frente a la luminosidad de la exactitud y del rigor nos ofrece la luz crepuscular de lo aproximado. La aproximación es la condición de esta verdad que se busca en la penumbra. Se trata siempre de una luz viviente. Su desigual claridad es más evocadora de la lámpara de aceite indecisa y vacilante que de la uniforme luz de la conciencia y de la luz pura.

III. Algunos temas medulares



El hombre es el único ser que se asombra de existir. El gran problema humano es saber estar en la realidad. El hombre vive con cuerpo y alma la cuestión que pone en juego el sentido de su vida. La cuestión del sentido permanece inalterable en su radicalidad interrogativa.

Todo el mundo piensa que sabe mucho o, al menos, bastante sobre el amor, la libertad y la felicidad, aunque solamente fuese porque todos caminamos y respiramos en ellos: son los grandes sueños, es decir, la auténtica realidad del ser humano. Frente a la actual literatura ruidosa y superficial sobre los mismos necesitamos llevar a cabo el esfuerzo de sumergirnos en la reflexión para arrancar con rigor a su realidad aunque no sean sino unas pobres esquirlas de su inteligibilidad y conseguir con esas orientaciones una nueva forma de sabiduría que nos conduzca a la verdadera felicidad.

Si puede decirse que somos "seres humanos", la ética significa que el sustantivo encuentre su razón de ser en el adjetivo, que el ser se convierta en algo humano, es decir, que seamos "seres humanos". Vivir humanamente significa desvivirse por el otro hombre. Ser humano es tener para el hombre un sentimiento de amor y de piedad.

Tratamos los temas del amor, la libertad y la felicidad como cuestiones que vertebran el sentido de lo humano siempre por llevar a cabo: entre ellos hay una cierta relación íntima y secreta. Podemos decir que son conceptos ligados uno al otro y son lo propio del hombre moral.

Hoy sabemos mejor que el lenguaje condiciona nuestra comprensión de las cosas. Existe el presentimiento muy difundido de un cierto agotamiento de los recursos verbales en la cultura de nuestro tiempo. También el lenguaje de la moral se ha contaminado de oscuridad y de locura. La tarea de decir la cuestión moral requiere un buen uso de la palabra. Conviene esforzarse en renovar el sentido de las palabras para que vivan y permitan vivir; necesitamos palabras de verdad, sencillas y transparentes, para percibir el espíritu detrás de ellas, que digan lo que la vida nos transmite con sus vivas letras.

Biografía del autor

José Mª Andreu Celma, nacido en Valdealgorfa (Teruel), en 1944, inicia sus estudios universitarios en Roma, obteniendo la Licenciatura en Teología por la Universidad Gregoriana en el año 1969. Obtuvo el Doctorado en Teología Moral por la Academia Alfonsiana -Universidad Lateranense- defendiendo la tesis Teoría de la razón práctica en Juan de Santo Tomás en el año 1978. Licenciado en Filosofía por las Universidades de Santo Tomás (Roma) en 1973, y de Salamanca en 1986, obtiene el Doctorado en Filosofía por la Universidad de Zaragoza en 1996 con la defensa de la tesis Los modos de la racionalidad ética en Baltasar Gracián. Es profesor de Metafísica, Ética y Filosofía del lenguaje en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón.

Ha publicado: Gracián y el arte de vivir (Institución "Fernando el Católico", 1998); en colaboración con el P. Ceferino Peralta y el profesor Jorge Manuel Ayala la edición crítica de Agudeza y arte de Ingenio (2 vols.) de Baltasar Gracián (Larumbe, 2004); Para pensar la Ética Social (Comuniter, 2008); Baltasar Gracián o la ética cristiana (BAC, 2008); Juguemos a la Metafísica (Comuniter, 2009); Cómo hablar de Dios hoy (Comuniter, 2009). Son numerosos sus artículos sobre epistemología de la ética y sobre el pensamiento de Baltasar Gracián.

Sacerdote diocesano, compagina su labor docente con la tarea pastoral en la parroquia de San Braulio de Zaragoza.



 
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